Durante su "enfermedad iniciática" el futuro chamán asiste a su propio descuartizamiento. Los demonios maestros de la iniciación cortan en pedazos su cuerpo, raspan la carne, dejan limpios los huesos. Forjan su cabeza: le dan una cabeza de chamán. Finalmente reunirán los huesos; los cubrirán de nuevo de carne.
Al escritor Patrick Harpur se le ocurrió la siguiente idea:
"Al oír hablar de la espantosa actividad laceradora y destripadora de los asesinos en serie fue cuando me acordé de la terrible iniciación de tantos chamanes. Empecé a preguntarme si los asesinos en serie no serían personas que tienen una vocación chamánica pero que, por alguna razón, han dado la espalda a esta llamada. Atormentados por los dáimones, que realizarían el imaginario desmembramiento que su vocación requiere, sólo pueden acallarlos desmembrando literalmente a una víctima tras otra".


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