Custodiado por los curetes, que bailan alrededor de su cuna entrechocando sus armas, Zagreo, el hijo que Zeus ha engendrado en secretro con Perséfone, se oculta en una cueva por voluntad de su padre. Pero los titanes lo atraerán con tretas a la entrada de la cueva y, a pesar de que el niño tratará de engañarlos adoptando diversas formas, en la última de ellas, la de un toro, se apoderarán de él cogiéndole por los cuernos y las patas. Lo despedazan con sus dientes y lo devoran. Sólo queda su corazón.Robert Graves cree que el mito refleja un sacrificio anual que se había realizado en la isla de Creta: un niño reina durante un día; muere y es comido crudo.
Los órficos heredarían la tradición de este sacrificio; pero ellos no se comían a un niño, sino la carne cruda de un ternero.
Porfirio dice que los Curetes cretenses solían ofrecer sacrificios de niños en la antigüedad.
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