Deyanira ya no es joven, y queriendo mantener a su lado a Heracles resuelve hacer uso del remedio amoroso que, en su agonía, tras intentar violarla, le había proporcionado el traidor Neso: untó la camisa de sacrificios de su esposo con una mezcla de aceite de oliva y el semen y la sangre del moribundo. Luego le hace llegar la camisa a Heracles.
Heracles, vistiendo la camisa del sacrificio, está ofreciendo en el promontorio de Cenca una vacada de cien cabezas. La sangre envenenada de Neso se extiende ya por su cuerpo. Grita de dolor, derriba los altares, trata de arrancarse la camisa, que se le ha pegado a la piel. La carne sale con ella, los huesos quedan al aire, la sangre silba; Heracles sabe que va a morir. Lo llevan a hacerlo al pie del monte Eta, en Traquis: es el sitio señalado por el oráculo de Delfos como el lugar de su muerte.
Aún vivo, Heracles es quemado en una pira; su parte inmortal se irá a reunir con los dioses olímpicos.
Heracles, vistiendo la camisa del sacrificio, está ofreciendo en el promontorio de Cenca una vacada de cien cabezas. La sangre envenenada de Neso se extiende ya por su cuerpo. Grita de dolor, derriba los altares, trata de arrancarse la camisa, que se le ha pegado a la piel. La carne sale con ella, los huesos quedan al aire, la sangre silba; Heracles sabe que va a morir. Lo llevan a hacerlo al pie del monte Eta, en Traquis: es el sitio señalado por el oráculo de Delfos como el lugar de su muerte.
Aún vivo, Heracles es quemado en una pira; su parte inmortal se irá a reunir con los dioses olímpicos.
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